2.“EL PRIMER TEMPLO QUE SE CONSTRUYO EN EL PUEBLO
La primera iglesia que hubo en el pueblo, se construyó en el predio que ocupa actualmente el Templo del Sagrado Corazón, antes de San Juan Bautista de los españoles, después Parroquia de los Naturales. Tenía su Panteón hacia el poniente, en lo que ahora es parte del Jardín Madero. En el siguiente siglo y hacia fines de él, se pide tirar esta iglesia, y no es sino hasta principios de 1700, cuando se derriba hasta sus cimientos; ya que era pequeña y construida con tierra. En la clave de la puerta que da hacia el poniente, se lee la fecha de marzo 30 de 1710, y hay una lápida de cantera en la parte superior de la puerta que da al Sur y que dice:
Se acabó esta por
tada á 25 de abril
de 1731 años goberna
dos Dn. Ju. Pascual de Suñi
ga.
Podría tomarse como fecha de iniciación de la obra el año de 1710, y su terminación el año de 1731. En los libros parroquiales de entierros de indios y otras castas, pertenecientes a los años de 1731, en una de las cláusulas del entierro, pedían a los deudos del difunto que se enterraba en el camposanto de los naturales, un óbolo para la fábrica de su parroquia. Estas fechas nos señalan que ambas parroquias se construían casi al mismo tiempo”.
2. “SE CONTINUA LA CONSTRUCCION DE LA ACTUAL IGLESIA PARROQUIAL.
SU BENDICION Y ESTRENO
No volvemos a tener noticias de la construcción de la parroquia sino hasta el 10 de junio de 1706, que se presenta el cura del pueblo el Br. señor don Antonio del Rincón y Mendoza, ante el capitán don Marcos de Zavala Garfias, teniente de Guerra de San Juan del Río. El objeto de esta presentación fue extender un amplio poder al bachiller don Francisco Manzano. Acompañó al cura beneficiado a estas diligencias, el capitán don Antonio Basilio Pérez Romo de Ortega, que había sido nombrado depositario de los haberes que se juntaran para la construcción de la parroquia. Los dos otorgaron de común acuerdo dicho poder. El presbítero Manzano residía en la ciudad de México. Era capellán de Nuestra Señora de la Misericordia.
Se le dio amplio poder al bachiller Francisco Manzano, con el objeto de que se presentara ante los albaceas del señor doctor don Pedro de Ávalos de la Cueva y Bracamonte (Cura que fue de San Juan del Río y canónigo magistral de la Metropolitana de México.), para cobrar la cantidad de trescientos pesos de oro común, que dicho canónigo dejó en cláusula testamentaria, con el objeto de emplearlos en la construcción de la Iglesia Parroquial de San Juan del Río.
Por otra parte, se vuelve a presentar el Bachiller don Antonio de Rincón y Mendoza, cura beneficiado, juez in cápite y juez eclesiástico, así como comisario del Santo Oficio de la Inquisición, acompañado de don Pedro Martín, gobernador de los Indios de la Jurisdicción, y de algunos otros más que tenían diferentes cargos; y todos juntos y de acuerdo con el bachiller Rincón y Mendoza, dieron también amplios poderes para que en sus nombres cobrara la cantidad de trescientos pesos de oro común en reales, que por cláusula testamentaria les dejó el doctor don Pedro de Ávalos de la Cueva y Bracamonte para la fábrica y obra de la Iglesia de los Naturales. Por lo tanto, el bachiller Manzano estaba facultado para hacer este cobro, al mismo tiempo que los trescientos pesos que había dejado para la Parroquia de los Españoles.
Con esta relación, sabemos que tanto la iglesia de los españoles, como la de los indios, estaban por construirse, habiéndose levantado ya los cimientos de la primera.
El 13 de junio de 1710 apareció el capitán don Antonio Basilio Pérez Romo y Ortega, mayordomo de la fábrica de la iglesia, nombrado por el común de los españoles ante el capitán don Miguel de Ávila, para que ante él, el capitán Pérez Romo y Ortega recibiera la cantidad de dinero que los vecinos del pueblo fuesen dando para la fábrica de la iglesia de los españoles, y él, a su vez fuera entregando al cura bachiller Rincón y Mendoza este dinero. Asimismo recibió los trescientos pesos que pagó el albacea del doctor de la Cueva y Bracamonte.
Seguramente que con estas cantidades reunidas se haya seguido la construcción que se había empezado en el año de 1693. Este nuevo esfuerzo de 1710, corrió la misma suerte que el de los años anteriores, y la posible causa de que no se siguiera la construcción quizá haya sido la escasez de fondos.
Todas estas interrupciones dejaron a medio construir la Parroquia, y no se vuelve a tocar el punto hasta el 10 de diciembre de 1726, en que se continuó y se llegó a feliz término. Hubieron de pasar 16 años, para que el mismo párroco de 1710, se empeñara nuevamente en terminar tan fatigosa obra.
De la actual parroquia a que me he venido refiriendo, cuenta la leyenda que se construyó por una promesa que hizo Marcos Mancilla, estando en situación difícil y amarga, con peligro de su vida por haberlo asaltado unos ladrones. Mancilla se encomendó a la virgen de Guadalupe para que intercediera por él y no perdiera la vida. En pago de esta gracia, Mancilla le ofreció construirle un templo, en el que se le rindiera culto público. Mancilla consiguió la gracia pedida y pagó la deuda contraída con la Virgen de Guadalupe, construyéndole el templo parroquial del pueblo.
Otra de las leyendas dice de Marcos Mancilla, que siendo un hombre pobre, pidió a la Virgen de Guadalupe que lo ayudara en una empresa minera en la que se había metido, y que si salía con bonanza lo que estaba emprendiendo le construiría un templo. Como la Virgen de Guadalupe le concedió este favor con la bonanza minera que obtuvo, Mancilla le construyó el Templo parroquial del Pueblo. Me parece que la primera leyenda es la más cercana a la verdad, pues mancilla era arriero y no minero.
La leyenda tiene mucho de cierto. Marcos Mancilla no era hombre pobre, sino persona acomodada de pueblo. Sí era de oficio arriero, pero ser arriero en esa época no quería decir que fuera gente pobre, sino por el contrario: dedicarse a la arriería era cosa productiva, ya que muchas de las gentes de San Juan llevaban atajos de doscientas mulas. Mancilla era uno de ellos.
Marcos Mancilla era hijo de Agustín de la Cruz y Catarina Mancilla, originario de San Juan del Río. Hizo testamento en México el 10 de noviembre de 1731, ante el escribano público don Juan Díaz de Rivera, dejando como albacea a Francisco Antonio Sánchez de Tagle, Caballero de la Orden de Santiago.
En una de las cláusulas testamentarias, dejaba una casa en la Plaza Principal y otras en la Calle Real –que hacían esquina-, para que con el producto de su venta, le fueran dichas en el Convento de Santo Domingo tantas misas como réditos dejaren la cantidad de $ 2 591.00 pesos que valían las casas. Y, en caso de no convenir en el número de las misas, que se dijesen por el alma de él y de su madre; se vendiesen las casas y con el producto se fundara una capellanía o cualquier otra obra pía. Parece ser que poco tiempo después de este testamento, murió Mancilla en la ciudad de México.
Con los datos anteriores, sabemos que Mancilla bien pudo tomar por su cuenta la terminación de la Iglesia Parroquial del Pueblo. Desgraciadamente no he encontrado ningún dato más que me dé mayor luz sobre el particular, a no ser la lápida que hay incrustada en la pared del cubo de la torre.
Como he dicho antes, se continuó la construcción el 10 de diciembre de 1726, a costa del mencionado Mancilla, cuando era cura párroco el padre don Antonio Rincón y Mendoza, como lo atestigua la lápida que antes menciono y que dice:
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ra de este
pueo. El Sr.
Br. D. Antoi.
del Rincón
y Mendoza
Marcos Man
cilla Em
pezó Esta
Iglesia 10
D. Dize. De 1726
Para el año de 1728, se cubría la bóveda del templo, y se dedicaba con gran solemnidad, el día 25 de julio de 1729. Hubo fiestas suntuosas con este motivo.
Puesta la nueva iglesia en servicio, fue ocupada como parroquia de los españoles; porque la anterior parroquia de los españoles era el Templo de San Juan Bautista. A los indios se les adoctrinaba y decía misa en una capilla techada con tejamanil que estaba asentada en los terrenos donde se construyó la parroquia de los españoles. Con este motivo, la iglesia antigua de los españoles pasó a ser de los indios; a sabiendas que esta antiquísima iglesia también fue demolida, para en su lugar construir la que hoy existe con el nombre que le puso el señor cura don Esteban García Rebollo, que no toleró la discriminación racial, ya que se le llamaba Parroquia de los Naturales. El le puso Templo del Sagrado Corazón.
Desde un principio, la parroquia fue puesta bajo el patrocinio de la Virgen de Guadalupe, imagen que ocupó el lugar preferente del altar mayor. Se atribuye esta imagen al genial pintor oaxaqueño Miguel Cabrera. Posiblemente sea de él, tanto por su bello colorido, como por su escuela. La pintura es anónima.
Sabemos que estaba dedicado el altar a la Virgen de Guadalupe, por una cláusula testamentaria de don Francisco Javier Vives y Vértiz, natural de la ciudad de Mérida, en la que ordenaba el 6 de noviembre de 1776: “Sea Sepultado en la iglesia parroquial de este pueblo, delante del altar mayor de Nuestra Señora la Virgen María de Guadalupe”.
Seguramente este altar mayor fue construido, siguiendo el estilo barroco de la época, ocupando la parte central de él, el cuadro de la Virgen de Guadalupe. Se encuentran aún en la Sacristía parroquial, dos cuadros que representan unas de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, cortados en las esquinas en forma simétrica especial, y es casi seguro que ellos sirvieron para adorno de este altar. No están firmados, no son de altos quilates y es posible que hayan sido hechos por el maestro pintor Juan Antonio de Ovalle, que residía en San Juan del Río por el año de 1729.
Tiene esta parroquia en los ángulos del arranque de la linternilla, que queda en la parte central de la cruz de la planta de la iglesia, cuatro óvalos que representan las cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe, que por estar muy altos, no se les ha apreciado debidamente. Su dibu